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Cuando el ser humano descubrió el maíz, cuatro mil años antes de nuestros tiempos, encontró también la necesidad de almacenarlo y manejarlo. La evidencia está en las vasijas bruñidas y decoradas que han sido encontradas en Paquimé, en Casas Grandes, Chihuahua. Otro caso son las figuras ceremoniales de Campeche y el Estado de Méxi- co, las zoomorfas de Occidente, los bajorrelieves de Puebla y Oaxaca, que también evidencian el talento de nuestros indígenas quienes legaron a lo largo y ancho de nuestro país- estilos, técnicas y acabados. Destinada a fines utilitarios, rituales u ornamentales, la cerámica contó por lo general con aplicaciones decorativas e incluso escultóricas, propias del artista prehispánico. Estas ha- bilidades, heredadas a través de múltiples generaciones de cera- mistas, conservaron reminiscencias de ese antiguo pasado que a su vez supo apropiarse de las aportaciones que llegaron en la Colonia.
Dentro de la cerámica actual, se trata de la mayólica y la talavera, así como toda la gama de cerámicas vidriadas, las que además de haber conservado esta herencia hispánica en cuanto a la técnica, guardaron también formas y tipos.
Esta vertiente, cuyo elemento primordial es al igual que las otras, el barro, es conocida como “cerámica de alta temperatu- ra” ya que requiere de una cocción al horno a una temperatura de hasta 1,200 grados centígrados. Por lo tanto, para algunos investigadores se trata de la contribución más significativa de la época colonial al respecto. Pero sin lugar a dudas, debido a la estrecha relación entre sus procesos de producción con la can- tidad de variantes físicas y químicas, esta técnica sigue siendo para sus creadores una constante experimentación. Dicho de otra manera: pese al desarrollo tecnológico, el resultado final es todavía impredecible al cien por ciento.
Por lo tanto, la cerámica en México ha tenido un camino inagotable en el que sus hacedores acogen una técnica para luego apropiarla con un sello distintivo como es el caso, entre muchos otros, de Tonalá, Jalisco. Los pájaros, flores y soles de este municipio jalisciense han alcanzado el reconocimiento internacional donde ya en los años cincuenta del siglo pasa- do, personajes como Jorge Wilmot llegaron a revolucionar la tradición productiva y estilística de la alfarería hasta entonces conocida.
Actualmente y conocido en el medio de las artes populares como “el ombligo del mundo”, Tonalá continúa en una po- sición de liderazgo dentro del mapa de la cerámica nacional, contando ya con una lista considerable de exponentes de la más prestigiada manufactura.