Hace veinte años

Una visita a Guanajuato, Guanajuato, en la que Je- sús Guerrero Santos se encuentra de pie frente a tres armarios con piezas de Mayólica de Capelo en el lugar en el que se hospedaba, lo llevó hasta el taller donde éstas son producidas. El entonces empresario, se topa con la sorpresa de encontrar un espacio rústico, armónicamente organizado, en el que un grupo de más de una docena de jovencitas pinta- ban el barro. Al fondo, el arquitecto Javier de Jesús Hernández, conocido como “Capelo”, diseñaba, dibujaba y proyectaba sus piezas. Las notas de Vivaldi en el aire.


“Ni le busques, esto es lo tuyo”, le dijo Lupita, su mujer, en medio de aquel escenario. Sus hijos, Adrián y Pablo que eran apenas unos pequeñitos, miraron a su padre hacia arriba al tiempo que asintieron.


En seguida, Jesús se hizo de una de esas piezas en un acto en el que quizás sin certeza, pactaba un futuro con la cerámica. Y al regreso a Guadalajara, su mente acariciaba esa mayólica y pensaba –solamente podía pensar- en las posibilidades de for- mar un taller, su propio taller.


Entonces buscó a Eugenio Durán, antiguo colaborador en las empresas cinematográficas, quien lo ayudó a contactar a Jorge Wilmot, personaje que le indicaría el camino para lograr el sueño y le compartiría su erudición en materia de producción cerámica.


Las recomendaciones a su vez apuntaron a Fernando Car- mona, investigador del tema, quien le rentó un “corral” en Tonalá en el que Jesús aprendió sobre ingredientes y sobre la preparación y elaboración para sus primeras piezas. Aunado a lo anterior, realizó viajes al Distrito Federal y a Puebla en busca de conocimiento y documentación, esa que solamente otor- gan los libros. A esto le siguió la conformación de un primer equipo con dos pintores y un tornero, “señor maravilloso” que lo lleva a pisar el barro para lograr la pasta que en seguida se va al torno; a hornear, recubrir de esmalte y dibujar a lápiz; a pintar y entregar al fuego quedando a su merced; a conocer los nombres de las piezas y diferenciar lo poblano de lo español, lo chino de lo japonés y esto de lo inglés.


Con el tiempo ya eran seis pintores, ya sabía bien a bien cuáles eran los países que han aportado a la manufactura de la cerámica en el mundo, ya había leído a David Lynch –cineasta que cobra el papel de gurú entre los ceramistas por su investigación referente a la aplicación de lo oriental en la producción occidental-, y por supuesto, ya contaba con el bagaje de Wilmot respecto a la apli- cación de las tradiciones asiáticas en la usanza mexicana.
Llegó entonces la necesidad de dejar el corral de Carmo- na por uno propio que inició “entre un aguacate que no me animaba a tumbar y unas hojas de asbesto”. Pero por fortuna, Adrián ya era estudiante de arquitectura y diseñó lo que hoy es el primer taller.


El segundo vino poco tiempo después, a raíz de la necesidad de un mejor manejo del metal. Sucedió que, en el camino del aprendizaje, Jesús quiso tapar una fisura en una pieza –de lo cual luego comprendió que éstas dan ciertas cualidades de uni- cidad a la cerámica- y decidió hacerlo con elementos de alpaca. El resultado se tradujo en las piezas de cerámica y metal, actual- mente distintivas del sello Jesús Guerrero Santos.
Pero en sí, esta es la historia de cómo “nos enseñamos y forma- mos dos talleres”, momentos que estuvieron y han estado acom- pasados de muestras, exposiciones y participaciones que ganadas a pulso, han llevado el trabajo allende de lo imaginado.


“Los incansables esfuerzos de Lupita, el rigor de Adrián en el taller, las exigencias de Pablo por que las cosas estén bien” es lo que los ha hecho lo que son. “Ahí estamos, en Tonalá –dice Jesús al referirse a los miembros de su equipo con los que ha trabajado 15, 16 ó 17 años-. Aprendimos los unos de los otros, seguimos aprendiendo y experimentando porque el hacer cerá- mico difícilmente se domina en toda su magnitud”.


Entre éxitos y fracasos, experimentos y logros, vigilias y glo- rias, poco más de dos décadas han pasado. Pero ahí, en Tonalá, Jalisco, “seguimos trabajando y haciendo piezas únicas, en el dis- frute de esa agradable convivencia con la cerámica y el metal”.